Revista Literaria Periódico Cultural

Enero, 2010

13.1.2010 GMT

Serie por nuestros cerros/ Cascada El Duro Chuao Estado Aragua.



Hilos blancos, fulgurantes, inician desde la garganta la caida y en ella, van fabricando colores que empujados con la brisa, van formando arcoiris que diseminan por doquier.

... ...

Las palabras quedan mudas ante la belleza e imponencia de esta cascada de unos 65 metros de altura, que se llergue orgullosa en el cañon del río Duro.

Llamada el Chorrerón por los lugareños es un sitio de esparcimiento especial de nuestra geografía...

Rubén Patrizi



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12.1.2010 GMT

Ian Welden Dianamrca 3 poemas

EL RONDERO
Rondando alrededor de tu cama
sigiloso y expectante
con mi farol encendido
entre mis manos
ilumino minucioso
milímetro por milímetro
tu asombroso cuerpo dormido.
Ave María purísima!
Eres un paisaje pastoril
donde mi lengua se regocija
cual pincel enloquecido
en tu inquieta madriguera
y todos mis sentidos
exploran paso a paso
tus valles y colinas
mientras te escucho suspirar
mi nombre prohibido.
FINAL DEL EXILIO
Es tanto mi entusiasmo
por encontrate finalmente
después de tantos años
exiliado en la intemperie
que trepo por tus pechos erguidos
y lengüeteo tu boca
lleno de deseos ilícitos.
Levanto ventoleras en tu pelo
con mi ardiente aliento clandestino
y con mi brocha gorda
chorreando colores urgentes
escribo consignas sexuales
debajo de tu falda.
EL SENTIDO DEL AMOR
En la tenue madrugada somnolienta
tu ropa yace en el piso sobre la mía
tu pelo ha quedado enredado
entre nuestros dedos satisfechos
y tu lengua dormita plácidamente
acurrucada en mi boca.


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12.1.2010 GMT

Voy a hacerme un cigarrito/ Maritza Álvarez

Fotos de flores

Víctor,

tal vez este sea el último homenaje que se te brinda, o el primero de muchos, hombre de canto, de risas, de amores y sufrimientos, de luchas..."¡Sopla como el viento la flor de la quebrada!"...

Hoy se te vela, hoy se puede.

Tu voz es sentimiento de hombre simple, voz campesina, hombre de barro, de ese que bien conocía Luchín, de pies desnudos, de contacto profundo con la tierra... frágil y sensible pero fuerte y determinante a la hora del trinar por la vida.

Vibras en el aire mientras te escribo, aleteando tus alas como un colibrí.
"El derecho de vivir en paz"... ese que no conociste es el que se te reconoce a ti hoy, es un derecho póstumo que se te quiere regalar. Recíbelo Víctor, "¡Levántate y mírate las manos!"... "Para crecer", dijiste, "estréchala a tu hermano"...

Víctor "Juntos iremos unidos en la sangre, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén!".

http://www.mundoflores.net/




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12.1.2010 GMT

Poesía Argentina Rolando Revaglietti

En el espejo pasa

no aquí

aquí

no pasa

En el reflejo en el agua del lago pasa

no aquí

aquí

no pasa

Es en mis ojos ciegos donde pasa

no aquí

aquí

no pasa

Rolando revagliatti Argentina

Foto reflejo.

http://s3.amazonaws.com/lcp/fotolog/myfiles/water.jpg



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12.1.2010 GMT

Salvador Pliego Mejico Libro La independencia Poesía

1

México

Libro II

La independencia

SALVADOR PLIEGO 2

Copyright © 2010

COPYRIGHT by Salvador Pliego. All rights reserved.

Houston, Tx. USA

Todos los derechos reservados. Este libro no puede ser parcial o totalmente copiado o reproducido de cualquier forma sin autorización del autor.

Derechos reservados por el autor y debidamente registrado. 3

México independiente

I

¡Claro!, digo aún tocándonos las manos,

los gerundios, los codos en los verbos,

los adjetivos llenos de pujanza

y correteados como grillos en el palpitar

o en las plazas;

cuántas patrias de las nuestras,

de los Méxicos de piedra –arcaicos como el sol

o la luna desde la vereda, sedientos en su forma,

matizados en la historia, levantados y templados,

y en sus cuerpos piedras, y en las piedras rocas, gradas,

esperando a las campanas;

digo entonces, ¿cuántas patrias se prendieron

y rodando en las laderas se sumaron voluntarias?

Porque voluntarios fueron

los ojos estacionados en la Alhóndiga de Granaditas

que azuzaban y espoleaban,

los pechos que a las balas sosegaban,

las mantas blancas que los indios,

entre hogaza, taco y salsa, en sus manos levantaban,

las llamadas desde el atrio, 4

las consignas de rosarios, los púlpitos prendidos

en las horas de batalla.

Digo, voluntarios, que su gramática a las letras liberaba.

Nosotros, por supuesto, nosotros,

sabrán que fuimos de ignorantes

hasta crear los alfabetos, a darle forma a la sílaba,

a conjugarla en las pencas,

a forjar en un islote plumas, colmillos, garras,

la serpiente emplumada y luego las palabras.

Digo que andarán la tierra

sin órdenes, sin reglas palaciegas,

sin regias moldaduras,

acuñando nuevas y más profundas jefaturas.

Dictemos cátedra, ahora, en todas direcciones:

en la suma convencional y en las tareas,

en los pizarrones verdes y en la voz de tinta fresca,

en la misma escritura sin acento y sin comilla.

Soñé la patria nuestra, voluntarios:

iba en marcha hacia la furia,

iba despertando la aritmética en las tablas, 5

las vocales atentas al sonido,

las pólvoras geográficas que hacían diptongos

en cada uno de los ojos, ¡nuestros ojos!,

y se enlistaban al diploma o al currículum vitae

de los niños.

Digo, ¡claro!, si es tocándonos las manos,

si es mirándonos los ojos:

las campanas tañen el tintero con fina ortografía.

¡Salgan a su encuentro, anoten direcciones,

que los niños cuenten y sumen el diámetro de soles,

que con reglas coloreen los fluidos de orográficos canales

donde los secretos del hombre anunciaban esplendores,

que de sus mochilas los lápices sin punta

dialoguen o muestren el carbón hecho pirita,

que de la orilla de los pechos sostenga baldes con pinceles,

papeles de alegría, hojas jubilosas, plumas de alborozo!

¡Niños del voluntariado, a escribir las oraciones!

II

Escucho, en ese recorrido, los pasos aguerridos.

Y corren: juntos, en pedazos, de pie, de lado, 6

acuerpados en el mismo pecho,

con las barbas afeitadas de la cólera del día;

corren, simplemente, en marcha:

de cuatro en cuatro y mil en fondo.

La aritmética no sabe, el algoritmo no responde.

Porque empezó en la piedra el hombre y ahora cuentan batallones.

Se fueron ordenando en fila hacia la muerte,

en fila hasta la vida.

¡Nos están llamando! De dos en dos, de dos en cuatro, de cuatro en ocho,

en las sumas intuitivas y en las costillas virreinales,

en los ojos, como siempre, fundidos en las manos y en las venas;

en suma exponencial hacia el futuro.

Hombres tutelares de las muecas, del huarache raído,

de los pies descalzos y sagrados: ¡ya era hora!

¡Qué sabe la aritmética de ustedes!

¡Qué saben los quebrados de las cimas o el altar en la muralla,

del sangrado de los pechos tras perdida la batalla,

del ónix enclavado en la arteria hasta secarla!

Hombres constelados: ya era hora de sumar

guijarros a las piedras, y a las piedras cántaros de agua, 7

y a los cántaros los vientres,

y a los vientres las cejas enclaustradas.

Nos miramos, ¡cuántas veces nos miramos!,

la piedra habla en la boca sin saber nunca del otro.

Pero en la saliva, con el péndulo en los dedos, nos miramos.

Entonces entendimos.

¡Qué arte de plumaje! ¡Qué arte serpentario!

¡Ya era hora!

Batallones de la tierra, soldados de la hierba,

universales combatientes del maíz y de la greda:

¡qué rabia libertaria de los hijos del consuelo!

Y el amor se vino todo junto, todo entero.

En marcha, digo, ¡ya era hora!

De dos en dos y un puño en cuatro,

de tres en cinco y el azadón el siete y luego el nueve.

La aritmética en la marcha, el ábaco en los dientes.

¡Nos están llamando!

Batallones del encuentro, del álgebra en la plaza,

de los dedos en la mira:

¡a contar!, ¡a contar!;

de dos en dos y dos en siete; 8

de dos en dos y luego nueve.

III

No habéis nacido a la guerra, campanarios.

Alzad las venas, la poesía, los sucesos de los brazos,

la historia humana de las rocas en su alfabético deseo.

Convenientemente, así lo escucho,

desde el trasfondo de la voz id a la apertura,

a lo más humano y sagrado.

Decidlo: ¡qué vorágine la nuestra!, ¡qué pasión de labio y tierra!,

¡qué sentimiento de verdor y anhelo!

Hubo una campana, ¡cómo no!, hubo miles en los templos,

en pirámides de hombres azuzando al Dios en celo;

pero hubo una desde el hombre

repicando a pleno vuelo.

Dobladla ahora, campanarios, tocadla en serio.

Volcad a la punta de los templos su sonoro estruendo,

al hombre terrenal y libre,

al hombre universal de siempre. 9

¡Injertad en la palabra el poder aumentativo!

¡Injertad en el hombre al hombre sustantivo!

¡Injertad en la poesía el placer imperativo!

Id a la corteza, campanarios,

a la terrenal sumatoria del vestigio.

Decid: ¡qué vorágine y qué vicio!

Vestid la tarde y amuebladla con futuras canonjías,

y desparramad de nuevo al hombre

en la conquista de su orbe.

Hubo una campana, ¡cómo no!,

y el hombre tocándola infinito.

IV

Discurro el verbo de la letra,

la voz intacta de la jerga, el habla de la lengua.

¿Cuántos Quijotes levantaron a la España

cuando el polvo le asolaba

y sin yermo ni escudero, en la llanura, 10

fue a la mar a bregar con la palabra?

Discurro nuevamente la poética:

el hombre es el jinete, el molino y su lancera;

el cóndor salvaje es la centuria de las piedras;

el águila morena, clavándose osadamente,

es la fiebre volcánica acerada.

Un día me entregaron el ave, ¡oh poeta!,

el ave pájaro, el ave mundo, el ave pajarera,

obviamente lo era por su pico,

por su garra de plumífero y ladrido,

por su esbelta cabellera Azteca y de granizo

-digamos, si acaso, que era blanca blanquecina,

y pintaba en blanco su perfil de níveo golondrino-;

ahí escuché a la patria sin fronteras, sin filtros ni obeliscos,

simplemente era un terruño,

el suelo entero en sus bramidos.

Dirán, entonces: ¡eres mexicano!

No señores, no es por eso. El santo al santo no alarga la liturgia.

Discurro, y luego explico. 11

España: ámame en tu tierra, en tu montura,

en tu flamenca escudería, en el confín de tu armadura,

en el galope aciago hacia la vida,

en la espada o en la crin de la ventura.

América: láteme, envuélveme, inscríbeme,

abraza mi mejilla, hinca tu poderosa hormona en mis rodillas,

acaríciame la oreja en el portal que vibra,

en tu misma América de arcilla:

la de Darío, la de Sabines,

la del ungüento de Úrsula en su silla,

la de Pedro Páramo sonriéndole al camino.

Patria… mi poesía:

órbita de luces y espuma gentilicia.

Diré, ahora: mis Méxicos queridos;

los del aire y los eternos,

los de escudo blanquecino,

los de túnica de niño, los de guaba y de membrillo,

los de ocote encendido.

Siempre hubo, contaré, costilla en mi costilla

y vértebra en mi herida; 12

la patria que llevaba mi sangre guarecida

y la mía encendida,

y el beso de un vocablo naciendo en mi saliva.

¡Qué humano, insisto, qué humano el que camina:

libre, y en él vive y desvive poesía!

Más allá de tus fronteras, patria,

en la nada que es el todo,

en el todo que es lo nuestro:

padre nuestro el de los siglos,

padre al hijo en tus dominios,

padre santo en los delirios;

encuentro en ti, tierra, mi poesía.

¡Padre hermano el de tus hijos;

Padre nuestro el de mis niños!

V

Querría, ahora, al hombre, guardarle el corazón si se pudiera,

sembrarle un pajarillo en la cabeza

y cantarle a trino, en el hombro, a que sonriera. 13

Querría, nuevamente, un previo suyo,

después, antes de él, y ante él, en su presencia;

un cañón triunfante que pómulos lloviera,

la campana que hormigueara en un tobillo

y el péndulo en el labio, desfilando.

Querría esa mano que el bronce contuviera

y extenderla, exacta, precisa, a otra mano con su biela.

Y la campana, en el gemelo, en la esfinge,

resonando y restallando,

tajada entre cabellos, y a un abrazo abrazando.

Querría bambolearla y tocarla, liberarla.

Y que el hombre, en su oído, en su frente,

en su tejido interrogante,

doblara estrepitosa, y a sí mismo se escuchara.

VI

Hubo un hombre homínido, humano, algo terrestre,

-y no hablo de aquel sátiro inhumano 14

que no otorga permanencia a la vida en estos lares-;

intuyo: era voluntario de hombros y de huesos personales,

de vida viva, de vergüenza en la camisa.

Vino de la Europa. Sí, patria y patria siempre fue la España:

la madre arcaica y camarada,

(ofrezco mis costillas al Goya hambriento de sus hijos;

regalo mi vértebra, una parte, a cada poro en la Guernica).

Explico: era residente provinciano, del sur, del norte, de la América;

hilaba sus dedos en la tierra matutina

y vestía de polvo, todo el día, toda su agonía.

Sucede luego que la patria…

aquella de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo y extendida:

patagónica en los dientes, amazónica en la lengua,

lacandona en la hebilla, continental en la mejilla.

Sucede, ciudadanos, que pizcó el sable de insurgente

(aclaro, como al mes el calendario,

como madre al hijo nato que llora y sorbe sus encantos).

Insurgente de medallas en las uñas,

procesal veterano de las patrias: ¡Larga vida!

Y no es por él tan sólo. 15

También al siglo, al árbol, a la hierba,

a las horas del segundo, al horario del minuto,

a las manecillas a destiempo: ¡Larga vida!

Recurro a tu boca y me descubro.

Dejo al inframundo los inquisitoriales términos del habla,

infames verdugos de la letra,

látigos quemados del acento. ¡Pobre espada!

Y digo eso en los sepulcros de gramáticas vencidas

-aún la muerte se imagina a sí misma con su propia idolatría-.

¡Ay de aquel y todos esos muertos! ¡Ay de aquel y todos esos yertos!

¿Añoranzas? Siempre. A veces. Solamente entre sus deudos.

Insurgente de pies a la cabeza,

de la espalda a la orilla

y de la orilla a la saliva:

cuando escucho que recorren las lápidas de grilla

y no dejan florecer conceptos:

¿qué patria es ahora?,

¿qué rúbrica de suelo a la calma le violenta?,

¿quién es el que oferta a la muerte una lira? 16

Dices: ¡donde haya un hombre hay patria y poesía!

¡Vamos, que dejen al mundo acariciar su savia casi extinta,

su valiente fauna escondida,

su suave ortografía acumulada!

Insurgente de pies a la semilla, de pies a la deriva,

si algún día, por descuido, apatía, dejadez o abandono,

tu muerte cadavérica y accidental a la muerte sorprendiera,

estoy seguro correría el astro rey junto a sus hijos

y al tercero nuevamente calentara;

la gallina todo el día cacareara,

y el huevo, tibio aún por verso y letra,

su yema copiaría de pies a la semilla,

de pies a la deriva,

de hombros a la cima,

y a la muerte aquietaría.

Insurgente de pies al epicentro, de cabeza al firmamento:

¡que no corra el pie en puntillas estando en la camilla,

ni el lumbar alce la vista a la espinilla!,

¡que el temblor de un árbol no tire a la semilla!,

¡duerma el día bisiesto! 17

Cuando cantes, ¡hazlo ahora!

Cuando rías, ¡hazlo ahora!

Cuando pienses, ¡hazlo ahora!

Cuando vivas, ¡hazlo ahora!

¡Larga vida, insurgente!

¡Larga vida a la vida!

VII

Un hombre toca,

un hombre dobla su péndulo en la cima

y hace que baje el temblor con que le miran.

Un hombre toca, un hombre tañe,

y otro hombre se le arrima.

El toque dobla las campanas ya vencidas.

Un hombre solo a un pueblo se le arrima,

y los ojos tiemblan, batallan y le esquivan.

Un hombre solo cruje y castañea,

y el péndulo temblando le repica. 18

Otro hombre presta su garganta y tintinea.

Un hombre solo a un pueblo va y le mira,

y los péndulos, mirándole, le tocan y le vibran.

Y el hombre, sollozante, tiembla de alegría.

VIII

Hay un verso universal:

el hombre, Sartre, el hombre: único, atemporal y coherente;

el ente del ser y la esencia en su dominio;

péndulo y bronce que tañe y predomina.

¡Suenen las campanas!

La boca magna, la boca infinita;

cósmica patria, verso de poesía.

Y el hombre, ¡libre!, ¡libre!,

en las campanas de armonía.

¡Suenen las campanas!

¡Todas las campanas!

¡Qué retumben todas: 19

entre las gargantas,

entre el mar de bocas,

todas las campanas,

todas liberadas!

Y el hombre: ¡libre!, ¡libre!;

como péndulo golpeando

con sus iris de campanas.

16 de septiembre

Todas las campanas,

todas levantadas,

como mil trompetas,

como mil gargantas,

como mil estrellas

en la voz despierta,

todas juntas, todas,

en un grito ardido,

en una torreta de almas,

agitando todas, 20

todas las campanas.

Como un mar de ellas,

bajo un sol de hierba,

sobre el surco en casa,

en la hacienda y plaza.

¡Todas las campanas!

¡Todas, todas ellas,

suenen la batalla!

Como mil cenzontles,

como mil gorriones,

como mil soldados

en los litorales,

como mil guerreros

desde los maizales,

como mil timbales

para las señales.

¡Toquen, toquen, toquen,

todas las campanas!

¡Todas las que agiten!

¡Todas, todas ellas! 21

Que la mar les oiga,

que el maíz les prenda,

que del campo nazcan

todas acuerpadas,

cada una de ellas

azuzando brasas.

¡Todas las campanas!

¡Todas, todas ellas!

Juntas como hebras,

como fibras todas,

como mil amarras

de metal forjadas.

Que la tierra hierva,

que la tierra aclame,

que la tierra nombre:

¡todas, todas, todas,

todas las campanas!

¡Todas juntas ellas!

¡Todas como fieras!

Como fiel guerreras.

Todas y sonoras, 22

como un mar de almas

liberando marchas.

Miguel Hidalgo

Viene ya sonando junto a su sotana,

levantando bronce, conjurando espinas,

redimiendo trinches, liberando oriundos.

Viene un cura en manta sobre la montaña.

Desde Zacatecas, bajando hacia el valle,

sobre Aguascalientes, Salamanca airado.

Lo siguen los cerros, cuarenta mil bravos,

con todas sus pencas y el machete al lado.

Gritan los poblados:

¡Ya viene el cura con sus levantados!

Mazorca en mano, huarache y rosario,

se oyen polvorientos eximiendo cerros.

Plegaria de campo cuando llega orando,

plegaria de abajo ya sin más candado. 23

Y dicen pobladores:

¡Ya viene el cura con su mar de alzados!

¡Ya viene atizando nuestros campanarios!

¡Vámonos alzando con sotana negra,

que el mensaje expanda a los libertarios!

¡Vámonos de hábito sin usar sagrarios!

¡Vámonos juntando en un millón de manos!

Ya vienen los curas sin corceles blancos,

y uno de ellos, con rosario en mano,

se quedó atizando nuestros campanarios.

¡Vámonos al monte de sotana y picos,

a blandir machetes y la azada ancha!

¡Que los sables toquen y repiquen y oren,

que rezando "patria" viene un cura,

con machete y ostia, encabezando el frente!

Salvador Pliego . Nacido en la ciudad de México. Con estudios en Antropología Social y una Maestría en Sistemas de Computación. Como escritor inicia su carrera a finales de 2005 y desde entonces ha publicado los siguientes libros: "Flores y espinas", "Claro de la luna", "Encuentro con el mar", "Bonita… Poemas de amor", "Libertad" y los cuentos "Los trinos de la alegría" y "Aquellas cartas de amor".

Fue premiado como segundo lugar en poesía por la ENSL en México y nominado como finalista por el II Certamen Internacional de Poesía "San Jordi" en España, 2006.

A la fecha ha realizado lectura de su poética en Estados Unidos, México, Perú, Chile, Colombia y Argentina.

Publica en revistas de Venezuela, Argentina, Chile, México y en diversos foros y grupos vía Internet. Su poesía ha sido leída en innumerables ocasiones a través de radiodifusoras en diferentes países de Latinoamérica.

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12.1.2010 GMT

No los une el amor los une el horror / Cuento Maricela Luján Mejico.

Agueda estaba convencida que la insólita empatía que la unía al fantasma que aparecía en su casa después de medianoche, era lo más cercano al enamoramiento.

Esperaba angustiada sus visitas y esto le producía una carga de adrenalina que la hacia estar alerta la mayor parte del tiempo.

Por supuesto que esto tenía sus bemoles. A veces estaba profundamente dormida y el ruido de la pesada cadena que éste arrastraba, la despertaba sobresaltada y la hacía estar en suspenso, sudando frío hasta que el tétrico ruido desaparecía.

Otras veces, escuchaba ruidos de pasos sigilosos, como de alguien que flotara.

Percibía un ser etéreo que pasaba como una exhalación al compás del aire.

En esas ocasiones el ulular del viento era insoportable, y azotaba las ventanas que por descuido, habían quedado abiertas, tanto que una vez, se rompieron varios cristales que cayeron en añicos, y encontraron acomodo entre los matorrales de hierba y flores silvestres que formaban parte del abandonado jardín de la casa.

Ella no recordaba desde cuando el fantasma había hecho acto de presencia en su casa, aunque casi estaba segura que había aparecido por el mes de Octubre de hacía tres años.

Sin embargo su intromisión en la vida y en el espacio de Agueda era tan contundente, que ella ya no concebía la vida sin él.

Una noche llegó para quedarse, con la actitud de alguien que en vez de tocar la puerta, entra tirándola de un puntapié y causa un estupor mezcla de admiración.

Y esto es lo que Agueda sintió en relación al fantasma.

De hecho no lo consideró un visitante, sino alguien que tenía relación con la casa desde un pasado remoto y que ésta le pertenecía a él también, por derecho propio.

La antigua propiedad había pertenecido a los tatarabuelos maternos de Agueda, y ella era la única sobreviviente de la familia, y por tanto, heredera absoluta del deteriorado inmueble.

Era una vetusta mansión en las afueras del pueblo, construida con piedra gris y cantera que alguna vez fue blanca, ventanas bizarras con vitrales religiosos, y en la puerta una antigua y pesada campana hacia las veces de timbre. Por dentro de la casa, en los techos las gruesas vigas de madera apolillada guardaban en los intersticios innúmeras telarañas. No había sido remozada desde mucho antes que naciera Agueda. Su madre murió al dar a luz.

Cuando Agueda tenía apenas un año de edad, su padre que era minero, decidió ir en búsqueda del oro que decían, se encontraba en las minas del sur de África. Decían que los mineros que habían encontrado el oro, enloquecían con su brillo enseguedor.

Un día, decidido a la aventura, se acercó a la cuna de la pequeña Agueda, le dio un beso de despedida y se fue en pos de ésta quimera. Nunca más se supo de él.

Agueda se quedó al cuidado de una nana, (que tenía la manía de dormir con el mandil puesto) y ella la crió con los pocos dineros que el padre le dejó antes de irse.

Gracias a ella, Agueda aprendió a leer, escribir y a declamar recitaciones. También le enseño otras cosas como forrar botones, hacer tru-tru, zurcir calcetines con un huevo de madera, hacer flores de migajón, hornear flanes con caramelo, vestir niños Dios y aprovechar el agua de la lluvia poniendo enormes palanganas en el patio de la casa, cuando empezaba a llover.

Así pues, cuando su nana empezó a envejecer y un dìa le dijo que ya le faltaba muy poco para morir, Agueda lo aceptó estoicamente y empezó a preparar el funeral con anticipación.

Y así fue, a los siete días de esta premonición, su nana no se levantó más de la cama, (con el mandil puesto) como si un letargo definitivo la hubiera transportado al otro mundo.

Después de sepultarla como Dios manda, Agueda se quedó sola en la casa, y una nueva inquietud se apoderó de ella. Empezó a hurgar en rincones desconocidos que nunca le habían interesado como el desván donde se guardaban los trebejos. Ahí encontró muebles abandonados, sillas cojas de tres patas con el respaldo cubierto de terciopelo con flores, una poltrona de caoba con medallones metálicos en los antebrazos y forrada con paño de lana a cuadros tipo escocés. Cajitas de porcelana con las bisagras rotas, camafeos despostillados, libros con lomo de piel agrietada y con las hojas amarillentas de humedad. Encontró también un extraño y colorido alebrije de papel maché, una muñeca mulata de trapo con trenzas, una enorme sábana que en algún tiempo había sido blanca con dos huecos que le acomodarían exacto a los ojos de un fantasma, y una pesada cadena de eslabones oxidados que tenia en la punta un candado cerrado (también oxidado).

Cuando terminó de trastabillar en el desván, subió al cuarto donde hacía calceta y se pudo a remendar un chal de invierno. Estaba en esto, cuando empezó a sentir frío y se levantó a cerrar la ventana. Y por primera vez percibió la presencia del fantasma… ahí estaban la enorme sábana y la cadena de eslabones oxidados.

¿Quién los había subido del desván al cuarto ?

Ella no, era seguro.

Y no había nadie más en casa.

Por extraño que parezca, esta duda le provocó un escalofrío que la emocionó profundamente.

Después de este incidente, se sucedieron muchos más, casi todos después de la medianoche. Estos hechos que no se podían fundamentar en la lógica, empezaron a formar parte de la cotidianeidad, y poco a poco se convirtieron en momentos trascendentes e indispensables en la vida de Agueda.

Como la costumbre del fantasma de instalarse furtivamente en la sala y abrir la botella del licor de hierbas y tomarlo en una pequeña copa de cristal rojo de Bavaria (dejando siempre la botella destapada y la copa medio vacía al lado)

Al principio, a Agueda le parecía una falta delicadeza y exceso de protagonismo del fantasma, el no engrasar las cadena oxidada, ya que hacía un ruido exagerado al chirriar los eslabones en cada paso que daba, sin embargo se acostumbró de tal forma a este ruido, que se volvió para ella, un sonido tan excitante como la buena música

O la manía que acusaba el fantasma al pasar como una exhalación a través de las puertas mientras jadeaba como si le faltara el aire, que en sus inicios, a ella le parecía chocante e insoportable, acabó siendo el sonido más emocionante que jamás escuchó.

Una noche, cuando ella llegó tarde a casa, encontró todas las luces encendidas. Trató de apagar algunas y no funcionaban los apagadores. Estaba cansada y se durmió rendida a pesar de esto. Al poco tiempo la despertaron escandalosos ruidos en la cocina.

Eran de platos que se caían y se rompían. Aunque esto duró sólo unos segundos, Agueda lo entendió como un mensaje:

el fantasma estaba celoso, no le había gustado la salida por la noche de ella, y mucho menos la tardanza en llegar a casa.

Después de tantos avatares, Agueda tomó una decisión trascendente: intentaría un diálogo con el fantasma.

Se armó de un valor desconocido incluso para ella, aunque claro, le ayudó el estar curada de espanto, pues se podría decir que ya llevaban tres años juntos.

- ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? -

- Le preguntó aquella noche en la que ella había ambientado la casa con velas de sándalo y floreros con rosas rojas.

Ninguna respuesta. Silencio absoluto. Acaso el viento sopló un poco más fuerte, al apagar algunas velas del comedor.

Volvió a preguntar Agueda, esta vez con un notable temblor en la voz, que salía de la garganta:

- Dime ¿Qué pena te atormenta? ¿Qué buscas en esta casa?

De repente escuchó una voz de ultratumba que contestó:

-Las llaves… las llaves…

-¿Cuáles llaves? Preguntó Agueda a punto de desfallecer.

- Las llaves del candado que aprisiona la cadena que arrastro – dijo la inquietante voz-

- No puedo descansar eternamente hasta abrir el candado... continuo diciendo el fantasma –

- ¡Necesito las llaves que se quedaron en el mandil que traía puesto tu nana el dìa que murió…y tú debes rescatarlas!!

A Agueda se le doblaron las piernas, cayó desvanecida en el sillón de la sala, mientras murmuraba con delirio:

-Nunca más… nunca más… no me vuelvo a enamorar de un fantasma…

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12.1.2010 GMT

El Embolletamiento Cuento Maricela Luján Méjico.

La carretera rumbo a San Juan del Río, serpenteaba por el acantilado desde donde se divisaban un sinfín de casas con muros de ladrillo rojo quemado, verdes campos repletos de maizales, planicies de hierba en las que se veìa a lo lejos, el ganado estático, pastando y rumiando sin prisas en aquel mediodía soleado de Abril.

Los conductores de los vehículos habían percibido una y mil veces lo antes descrito en el paisaje campestre, pues tenían ésta imagen enfrente desde hacía varias horas,

Con el motor apagado enfilados en una interminable cola de autos que permanecían atorados en la carretera. Una colisión en cascada hizo que muchos autos recibieran un impacto al unísono y que sus conductores, si bien no se quejaban de estar heridos, varios tenían un fuerte dolor en la nuca que ameritaba al menos, tomarse una radiografía.

A la temprana hora de las seis de la mañana, Aquiles Sánchez, trailero por convencimiento desde hacía catorce años, aquel que cuando sentía que el sueño lo traicionaba mientras manejaba, mordía con fruición un chile habanero crudo que siempre llevaba en la bolsa de la camisa, no obstante,

( y esto confirma que lo único seguro es que no hay nada seguro ) había perdido el control de su trailer de doble cabina al tomar una curva cerrada, sin poder evitar que se derrapara sobre el asfalto el pesado vehículo, inclinándose y cayendo de forma aparatosa.

Aquiles no había sufrido por fortuna, mayor daño que algunos moretones, unos rasguños y un susto mayúsculo.

Algunas ruedas del trailer volaron por los aires cayendo al fondo de la barranca que limitaba la carretera. La carga que llevaba de igual forma se esparció sobre el pavimento, cubriéndolo con una película negra y viscosa, a causa de las miles de latas de aceite para carro de la Motor Oil & Co. que rodaron y se abrieron con el impacto.

Por lo sucedido, se bloqueó por completo el paso de la carretera y era imposible que pasaron autos en ambos sentidos.

Helicópteros de la policía forestal ya habían reportado lo ocurrido a los organismos de gobierno involucrados, sin que se hubiera logrado en varias horas destrabar el cuello de botella.

Los automovilistas habían pasado por varias etapas: primero el susto de haber vivido tan de cerca el accidente y estar conscientes que un poco más y no lo cuentan, después la desesperación de sentirse varados en medio del campo sin poder llegar a sus destinos, y finalmente la necesidad de comer, beber é ir al baño que poco a poco se fue haciendo crítica.

Entre los autos del embotellamiento se encontraba la camioneta “ XT all terrain ”del diputado Garcilazo de la Vega representante en la Cámara por el partido político que se adueñó del presente y del futuro de México durante 71 años. Dentro del vehículo además del diputado venía Nicolás,

(Nico) su chofer ó jefe de logística como hoy les dicen los políticos a sus hombres de confianza, quién aparte de lavar diario la camioneta y traerla como espejo, estaba disponible a cualquier hora.

También era dueño de una cualidad particular que lo convertía en una joya: Nico era una tumba en lo que a secretos se refiere.

Nico ganaba bien, aunque desafortunadamente no alcanzaba el sueldo de

$ 63 000 que ganan otros servidores públicos con su mismo nombre, en puestos similares.

El diputado de la Vega tenía en su haber varias empresas importadoras- exportadoras que fungían como trampolín para negocios con el medio oriente, y también para negocios con el lejano oriente. Entre sus activos se podían contar algunos barcos camaroneros que servían de pantalla para importar de China diversos alimentos para comida oriental, como aletas de tiburón para la sopa de nidos de golondrina y los camarones de surimi, aquellos que por su gran tamaño, ofensiva simetría y su color anaranjado fosforescente nadie duda que entre sus ingredientes principales se encuentren el aserrín y el plástico.

También importaba carne de codorniz enlatada, que se distribuía en las tiendas delicatessen como un alimento gourmet.

Respecto a éste producto en particular, el diputado sabía de buena fuente que tenía un porcentaje de carne de caballo, pero esto no le importaba.

Incluso este tema le había dado para contar un chiste que hacía reír a mandíbula batiente a sus interlocutores y les contaba la anécdota más ó menos así:

- cuando le pregunté al chino que me vende la carne de codorniz enlatada

…dígame Chu en Lai ¿que porcentaje tienen las latas de carne de caballo?

Me contestó muy serio: mitad y mitad…por cada codorniz… un caballo.

Durante las primeras cinco horas del embotellamiento, las sufridas víctimas ya habían descubierto un frondoso árbol en la orilla de la carretera donde se podía orinar sin ser visto. Las dos botellas de agua que llevaban la camioneta “all terrain ” se habían terminado y el diputado Garcilazo de la Vega se acabó la carga de las baterías de los dos celulares que traía consigo, pues lo apuraban innúmeros pendientes con sus empresas y algunos compromisos personales que incluían una cena importantísima a las 7 p.m. en el restaurante

“Au pied du cochon ”

Su secretaria particular había cancelado sus citas del día, y había recibido instrucciones del secretario privado de tratar de conseguir entre las amistades del diputado, alguien que tuviera un helicóptero y piloto disponibles para alcanzarlo en el atorón del Km. 79.5 de la carretera San Juan del Río- Tepeji para que no faltara a su cita para cenar.

Le había dicho a Nico – si me mandan el helicóptero, tu aguantas hasta que termine esto y luego te llevas la camioneta a tu casa-

De repente entró una llamada al celular de Nico. Era el secretario privado, que lo primero que hizo fue quejarse que no podía comunicarse con el diputado – los dos celulares me mandan al buzón – dijo incómodo ¿ qué están apagados ?

-No, están descargados – dijo Nico, al tiempo que le pasaba la llamada a su jefe.

- Diputado, todo arreglado – dijo con profunda satisfacción.

- Localizamos al Lic. Valverde y se ofreció para mandarle un helicóptero de inmediato-

-Perfecto – dijo Garcilazo de la Vega, y en éste momento le vino una oleada de emoción de ésas que dan cuando vuelves a creer en la humanidad.

A la media hora, se vio en el azul del cielo un helicóptero plateado con franjas azules que se avecinaba con celeridad. Pronto aterrizó muy cerca del árbol que sirvió de receptáculo de las incontables descargas de las angustias de los embotellados.

Ya estacionado, y con las hélices en acelerado movimiento circulatorio, alguien abrió la puerta con rapidez para que se subiera el diputado Garcilazo. Éste se apeo con movimientos rápidos ante la mirada sorprendida y envidiosa de los demás embotellados.

Apenas estuvo adentro, sofocado pero feliz dio las gracias – ¿a quién? - se percató súbito que tanto el piloto como el hombre que le abrió la puerta llevaban puestos pasamontañas.

- ¿Vienen de parte del Lic. Valverde? – preguntó con la voz en un hilo.

- Esto es un secuestro – dijo el hombre al tiempo que lo encañonaba con una Magnun 44.

Garcilazo sintió como le subía la sangre a la cabeza, y una nueva oleada de angustia y desconcierto lo empezó a invadir mientras trataba de dilucidar…

¿Quién había orquestado su secuestro?

…su secretaria particular? … su secretario privado? …el Lic. Valverde? …el propio Nico? … los cuatro juntos? …los del PAN? …los del PRD?

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Comentarios: lujanmaricela@yahoo.com.mx

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http://www.100pies.net/Gifs/Armas/Revolver.asp



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