Revista Literaria Periódico Cultural

Noviembre, 2010

22.11.2010 GMT

Serie de los nuestros/ Escultor en la calle / Julio César Gracia

Debajo del elevado de la avenida Urdaneta en San Benardino encontramos al artesano

Julio César Garcia.

Este señor dedica su tiempo y trabajo a la creación.

Un escultor en ciernes

Figuras que viajan de la imaginación del escultor hasta sus prodigiosas manos, son elaboradas con resina, y en madera, que adornan seguramente algunos de nuestros hogares...

Todos los días va elaborando con marcado esfuerzo, trazando y transformando

el metal, la madera, haciendo de sus manos el recurso diario con su intlecto.

enhora buena para nuestro migo Julio César Garcia.

Rubén Patrizi



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22.11.2010 GMT

Bonsai / Rodrigo Rodríguez Caracas Venezuela/ el arte en la naturaleza

El espetáculo aparece en cuanto ves los pequeños arbolitos, que reverdean

en la avenida...

Son pequeños enano gigantes, o gigantes enanos que han sido transformados por la labor de este artesano creador....

La naturaleza domada en esplendor, las flores, las frutas, el olor, todo un bosque en miniatura, que florece en una primavera casi infinita, con el verde inacabable de selva.

Rubén Patrizi



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22.11.2010 GMT

aventura /cuento de maricela luján mexico...

Aventura

A la mañana siguiente, después de haber dormido la primera noche en Casitas, Veracruz, Remedios Aguirre abrió los ojos y esparció una mirada atónita por la suite equipada con aire acondicionado y cocineta, tratando de asimilar donde se encontraba.

Toda la noche la asaltó la pesadilla de estar huyendo de una enorme rata que la perseguía en un túnel cilíndrico de asbesto. Remedios sobre un patín del diablo entre cientos de autos circulando en el periférico de la ciudad de México a la altura de Barranca del Muerto y huyendo a toda velocidad.

Visiones oníricas en las que el indeseable roedor se acercaba velozmente y se convertía en personaje protagónico del sueño.

Imágenes surrealistas de lucha incansable apurada por el espanto.

Cuando despertó ya completamente y escuchó la respiración acompasada de Celerino, su marido, sintió una inexplicable tranquilidad, mientras que aspiró una bocanada de aire tibio con gusto a sal marina.

Al mismo tiempo le llegó el murmullo constante y casi cercano de las olas que rompían una y otra vez en el acantilado.

La invadió una inesperada euforia, motivada sólo por la conciencia de estar viva.

La sensación de la sangre tibia que corre por las venas, la empoderó de una de vitalidad desconocida, tan desconocida como excitante.

Una casi felicidad le hizo sonreír, mientras su inconsciente programaba aquel bendito mecanismo protector que nos hace olvidar las cosas desagradables.

Esa coraza de protección automática que tenemos las mujeres y que se activa para bloquear experiencias, imágenes, sensaciones, olores, sonidos, ó palabras de aquellas cosas que hemos vivido y no deseamos recordar absolutamente.

Desechó pues de tajo las imágenes del roedor persiguiéndola en el sueño y sólo entonces tuvo la absoluta certeza de estar viviendo su primer día de vacaciones en la Costa Esmeralda.

-Árabes camelleros… se dijo para sus adentros - nos vendieron a Celerino y a mí un paraíso de confort y relajamiento en éste hotel de la playa, y en éste colchón no se descansa como se debe... siento todo el cuerpo molido -

Se acomodó en una nueva posición, tratando de que su espalda encontrara nuevos espacios en la enresortada planicie de aquel colchón que ya había vivido hacía mucho, sus mejores tiempos.

Cierto era que el colchón estaba colocado sobre una base de cemento, y esto, según los expertos de la ortopedia es lo más aconsejable, ya que las superficies duras favorecen la posición de la columna vertebral, solución óptima para el buen descanso del cuerpo.

Claro, - se dijo - esto funciona bien cuando el colchón tiene en su lugar todos los resortes y las capas de hulespuma, luego entonces va bien con la dureza del cemento…

Mientras hacía estas reflexiones, sintió el pico de un resorte que se le incrustaba como un aguijón en la parte baja de la espalda.

- Voy a pedir que cambien hoy mismo el colchón ó voy a demandar a éstos tracaleros - dijo Remedios para sus adentros, hablando consigo misma.

Y se sorprendió súbitamente de su arrojo.

En tanto, empezó a sentir que la sed invadía las paredes de su garganta. Deseó con fruición beber el agua de un coco… toda el agua de un solo trago.

El inimitable agua fresca de un coco verde. Aquel que luego de tomarte el agua, te lo parten con un machete y te comes como si fuera un banquete, el coco tierno, el coco de cuchara.

Celerino despertó desperezándose como un gato siamés.

Sólo deseaba estar cerca de la playa para sentir la brisa del mar y caminar descalzo sobre la arena.

Celerino no quería un coco verde. Y de hecho esto era un tanto extraño, ya que casi siempre él quería lo mismo, lo mismo que a Remedios se le antojaba en cuestiones de antojos repentinos, él sentía la necesidad de compartir con ella el placer de aquella cosa, ya fuera comida, bebida o cualquier otra cosa.

Remedios a veces pensaba que esa inclinación a gustar y hacer las mismas cosas, no nutría su relación de pareja, sino que la encaminaba a la ruina.

Pero que se le iba a hacer, de alguna forma ella se había acostumbrado a esa especie de mimetismo emocional que provocaba Celerino en su

"diaridad"

Más tarde cuando paseaban por el malecón, Remedios dijo de repente:

- me duele la espalda como si hubiera cargado una tonelada de plomo -

- ¿Quieres un masaje? - le preguntó Celerino.

Con ésta observación él hubiera ganado un concurso de comprensión si es que existen estos concursos en algún lugar del planeta.

- Si, un masaje sería maravilloso y también quisiera dormir en un colchón nuevo - contestó Remedios

y volvió a decir, pero en voz alta y con Celerino enfrente:

Árabes camelleros… nos vendieron un paraíso de confort y comodidad.

-Si no nos cambian hoy el colchón, nos vamos a otro hotel y que nos regresen nuestro dinero - dijo Celerino ya inmerso de lleno en el problema a pesar de que él si había dormido lo suficiente.

Al regresar al hotel se dirigieron a la oficina de administración.

Una secretaría joven, morena, delgada, sin expresión en el rostro, atendió la queja de Remedios y Celerino acerca del colchón incómodo.

"O nos cambian el colchón, ó abandonamos el hotel y nos regresan el dinero pagado"

La secretaria prometió informar al arquitecto, su jefe, el propietario de las suites amuebladas "Casitas del Tajin "de la Costa Esmeralda, quién se encontraba en su oficina en la ciudad de Puebla.

La respuesta llegaría por la tarde.

"se han mandado a hacer colchones nuevos a la fábrica., estos los diseñan a la medida y los entregarán dentro de dos meses. El arquitecto dice que si desean que les devolvamos su dinero, lo haremos sin problema"

Se dedicaron esa misma tarde a buscar otro alojamiento en la Costa Esmeralda, que tuviera al menos un colchón cómodo, cocineta y aire acondicionado

No había nada. Ni un solo hotel disponible.

Se atravesaba el puente del 15 de Septiembre, Día de la Independencia, (y peor aún el aniversario del Bicentenario) el día que los mexicanos no perdonan el grito aunque al día siguiente inmersos en la cruda, olviden por completo la euforia patriótica de la noche anterior.

¿Qué hacer? Era el segundo día de vacaciones y todavía faltaban 13 largas noches que se podían volver un tormento en el colchón asesino.

- Vamos a comprar un colchón nuevo y cuando terminen nuestras vacaciones nos lo llevamos a casa - propuso Remedios, y su mirada acusaba un brillo desconocido.

- Es una locura - dijo Celerino al tiempo que veía volar al menos $ 900 pesos.

- Mi descanso no tiene precio - le contestó ella, sintiéndose Totalmente Palacio.

Fueron al pueblo a buscar una mueblería. Ni una sola.

La gente de Casitas iba a la ciudad de Martínez de la Torre a comprar camas, colchones y todo lo necesario para amueblar una casa.

Encontraron un colchón de $ 400 pesos a rayas anaranjadas y verde aceituna que tenía una etiqueta de satín brilloso que ostentaba una sospechosa marca, mundialmente desconocida;

"TRE FIORI " y más abajo decía:

MATRIMONIAL/ HOTELERO / ORTOPEDICO.

¿Sería verdad tanta belleza por 400 pesos?

Decidieron comprarlo luego de que Remedios se recostó un poco y comprobó que no se hundía en absoluto.

El vendedor de la mueblería se ofreció a amarrarlo en el techo del auto. Trajo unas cintas de tela resistente y se puso a atarlo con tal convencimiento que su cara se transformó mientras hacía los nudos, sacando la lengua de lado, como hacen los hombres al clavar un clavo en la pared.

Tomaron la carretera a una velocidad razonable y cuando menos se lo esperaban, con la fuerza del aire, el colchón empezó a moverse, amenazando con salir volando.

Se detuvieron en medio de la autopista y Celerino volvió a reforzar los nudos que sujetaban el colchón.

Avanzaron un poco más y fue peor, ya que el viento arreciaba y empezaba a llover. Por fortuna, un buen hombre que conducía una camioneta cerrada se detuvo. Venía vacío de la central de abastos del puerto de Veracruz, había dejado su carga de brócoli congelado. Aceptó seguirlos y recibir una compensación monetaria por llevar el colchón ya que le quedaba de paso, cuando llegaron Celerino cargó el colchón en su espalda, pareciéndose al Pípila y lo subió al cuarto.

Acto seguido sacaron al pasillo el colchón incómodo.

En poco tiempo alguien de mantenimiento se apareció y se lo llevó.

El descanso que les proporcionó el colchón "Tre Fiori" fue memorable.

Hasta la noche del día 7º en que el cómplice de sus sueños se empezó a abrir en uno de los costados y, oh sorpresa! salieron incontables bolsitas llenas de un sospechoso polvo blanco.

A la madrugada siguiente Celerino y Remedios salieron a la carretera federal con el colchón recién adquirido, amarrado con gran fuerza en el techo del auto.

Se estacionaron cerca de un precipicio, cuando todavía no amanecía, la obscuridad, cómplice, los protegió cuando lanzaron al vacío el "Tre Fiori" testigo mudo de su aventura veracruzana.

Una lágrima se le escapó a Remedios al ver de muy lejos, en el fondo de la barranca, el colchón de sus sueños, completamente despanzurrado y rodeado de partículas blancas como la nieve.

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16.11.2010 GMT

inventiva social

LA NOVELA DE NORMA*


A Yordán y Yohanna Rey Oliva

Era la conserje más antigua del museo. Por espacio de ocho horas, pasaba el paño por los adornos, escuchando su radio. Sólo a la hora del almuerzo se guardaba los audífonos en el bolsillo del delantal, donde siempre tenía el receptor.

"Hola, Norma, ¿qué tal la novela?", solíamos preguntarle.

Si no era a esta pregunta, respondía con un encogimiento de hombros.

Pero cuando se le tocaba el tema, Norma, tan tímida que se diría algo retardada, se transmutaba. Nos ponía al día de las desventuras de la hija del Duque, embarazada de un enmascarado, amando a su hijo nonato. Subíamos con ella a las cimas del mundo con un grupo de escaladores, navegábamos en una nave amenazada por corsarios, participábamos en el asedio a una fortaleza o nos embarcábamos en una aventura futurista. Como en cada novela que se precie, surgía, maduraba y florecía un romance. Era increíble como memorizaba los pormenores...

Resultaba agradable comer con la narración del capítulo del día. Ninguno de nosotros escuchaba la radio, apenas teníamos tiempo de actualizarnos con las noticias del televisor y alquilar alguna película los fines de semana.

Pero llegó el cambio de administración. A la nueva jefa, no más hacer su aparición, le molestó el radiecito de Norma. Ante su negativa a dejarlo en la taquilla, la amenazó con una sanción laboral, con la expulsión y, al ver que sus palabras caían en el vacío, le arrebató de un tirón los audífonos. El pequeño receptor siguió al cable y cayó al suelo.

Atónitos, comprobamos que se trataba sólo de una caja vacía, ausente de mecanismo, circuitos, o baterías.

Norma la recogió en silencio, se colocó los audífonos y se marchó sin atreverse a cruzar nuestras miradas.

Nunca más volvimos a verla, su presencia casi fantasmal, bayeta en mano, no era parte de la vida activa del museo.

Pero a la hora del almuerzo no sabemos hacer otra cosa que mirarnos en silencio: Norma... ¿quién lo diría?

Aquel mundo interior que afloraba ante la pregunta, la perfección de los diálogos y las descripciones, lo que creímos su memoria excepcional, para volver a caer en la expresión vacía, en el mutismo, como si se interrumpiera una conexión que no logramos adivinar con quién o con qué establecía.
*De Marié Rojas Tamayo .
La Habana. Cuba.
QUISIERA SER LO QUE ERA CUANDO QUERÍA SER LO QUE SOY...
Musicales



Y después pareció como si ella asumiera el control de repente: con las paredes del coño se convirtió en un exprime limones por dentro, extrayendo y apretando a voluntad, casi como si le hubiese crecido una mano invisible.
¿De quién sería inevitable que me acordara cuando leí esto? (Henry Miller, Sexus", Seis Barral, pág. 183): de Fortuna.
Más en su departamento de dos ambientes que en el mío de tres y a pocas cuadras de distancia el uno del otro, más sin planearlo que determinándolo por anticipado, más comenzando en desmayadas trasnoches que en horarios "convencionales", extensas encamadas.
Ambos, músicos: Fortuna, teclados; yo, cuerdas.
Me sorprendo ahora alucinando tu vibradora jugosa. Te invoco, incorregible Fortuna, al borde del suicidio o de la inercia, con tus mismos aires de siempre de princesa desasosegada.


Me casé con una cantante. No me quiere. Me hostiga, me acompleja. Iniciose en fase adúltera con un barítono, ornamentándome con tentaculitos, con cuernecillos de caracol. Hasta que otros conocí: de cabra de los Alpes, de búfalo, de jirafa, cuernos de gamo, de ciervo, de gamuza, de reno, protuberancias puntiagudas o imponentes de yack, de órix, de verraco del Pamir, de cabra del Tíbet, de toro de lidia, de rinoceronte: a cambio de sus trapisondas con exponentes líricos y pentagramáticos. Mientras, decido cómo concluir con ella, próximo al límite de dificultad. Con la música a otra parte me iré, apenas logre seducir, desentrenado como estoy, a una bailarina.

*De Rolando Revagliatti . revadans@yahoo.com.ar

http://www.revagliatti.net

http://rolandorevagliatti.blogspot.com

http://www.youtube.com/user/rolandorevagliatti





*


Un regalo surrealista*



*Por Juan Forn

Como todos los que tuvieron veinte años, yo también quise ser surrealista alguna vez. Pero cuando en 1990 se publicaron por fin en forma completa las legendarias Investigaciones sobre sexualidad, realizadas por Breton y su pandilla entre 1928 y 1932, me resultó imposible tomármelas en serio, cosa que le pasó a todo el mundo salvo a los psicoanalistas lacanianos (que hasta el día de hoy le dedican congresos enteros al asunto) y al inglés Julian Barnes, famoso por ser el más francófilo de los escritores británicos, aunque su interés por las investigaciones sexuales surrealistas le debe menos a su francofilia que al afán por comprobar si era cierta una anécdota que había oído contar hasta el hartazgo a su tío Freddy durante toda su vida.
En cada reunión del clan Barnes desde que Julian tenía memoria, el tío Freddy terminaba abrumando a la concurrencia con el relato de su aporte al movimiento surrealista durante su primer viaje al extranjero, en 1928, como mecánico de un lord inglés que iba a participar en el famoso Rally. La cosa fue así: mientras su patrón asistía a una fiesta de ricachones previa a la carrera (de la que volvería tan intoxicado que no podría participar en el Rally), el tío Freddy se metió en un bar donde, interrogado por un parroquiano acerca de su propósito en la ciudad, contestó en precario francés: "Je suis rallyiste". Su interlocutor creyó que acababa de descubrir al primer surrealista británico y procedió a arrastrar al tío Freddy al fondo del bar, donde se hallaba la plana mayor del movimiento liderado por André Breton, y así fue como el tío Freddy ingresó como "participante externo" en las legendarias Investigaciones sobre sexualidad de los surrealistas.
Según repetía invariablemente en las reuniones del clan Barnes, el tío Freddy escuchó durante la hora siguiente más procacidades sexuales que en el año y medio que había pasado en las barracas del ejército ("¿Alguna vez ha eyaculado en la axila de una mujer? ¿Es obligatoria la sodomía en Inglaterra? ¿Sueña con burros? ¿Con qué prefiere que le acaricien el miembro?"). Pero lo que más interesó a los surrealistas de su testimonio fue: 1) que nunca se hubiera acostado con una francesa y 2) que en su adolescencia soñara repetidamente con dos mellizas que vivían en su cuadra, que no eran gemelas, pero que se decía que eran indiferenciables a la hora del amor. Los surrealistas fliparon con la idea del doppelganger erótico (tema central de la Sesión 5A de las involuntariamente hilarantes Investigaciones sobre sexualidad) y decidieron premiar al tío Freddy con "un regalo surrealista" que serviría también de experimento. Al día siguiente, en un hotel por horas, los surrealistas le darían la oportunidad de tener relaciones sexuales con una chica francesa y con una inglesa, sólo que en ambos casos debía hacerlo con los ojos vendados y sin derecho a proferir palabra. Luego de consumados los actos debía dirigirse al bar de la esquina donde relataría en detalle a los surrealistas las diferencias entre el modo británico y galo de hacer el amor.
Como ya se ha dicho, el patrón del tío Freddy terminó escoriando de tal manera en los festejos previos al Rally que no pudo participar en él, razón por la cual a la mañana siguiente ordenó a su mecánico que volviera a Inglaterra y siguió durmiendo la mona. En el viaje en tren a Calais, el tío Freddy no tuvo mucho tiempo de lamentarse de su suerte porque se puso a conversar con una pudorosa joven londinense que venía de visitar catedrales francesas. Tan buenas migas hizo con ella que continuó la conversación durante los días y semanas siguientes, hasta que pidió su mano y se casó con ella, y así fue como llegó a la familia Barnes la adorable tía Kate, y así era como terminaba invariablemente el tío Freddy el relato de su aventura surrealista, para la desazón y el abucheo general.
Así siguieron las cosas hasta que la tía Kate murió apaciblemente mientras dormía, a fines de 1984. El tío Freddy no sobrevivió ni tres meses la partida de su esposa. Aquel triste Año Nuevo, el joven Barnes también estaba con el corazón roto (por una novia que lo había corneado, tal como le sucede al protagonista de su formidable novela El loro de Flaubert), así que decidió invitar a su pobre tío y emborracharse con él. Durante aquella velada, el tío Freddy respondió al alcohol como lo había hecho siempre: al tercer whisky comenzó a relatar por enésima vez su aventura con los surrealistas, sólo que esta vez se permitió contar la versión completa. Porque, antes de abandonar París, Freddy se había hecho tiempo para participar en el experimento que le habían organizado Breton y su pandilla. Con los ojos vendados lo dejaron solo en la habitación, entró una de las muchachas, luego se retiró, después entró la otra muchacha, luego se retiró, y eso fue todo, dijo Freddy. Barnes le rogó que fuese un poco más explícito. Freddy se limitó a murmurar que la primera no había sido gran cosa, pero la segunda (la francesa, estaba completamente convencido de que ésa era la francesa), en el instante posterior al clímax, le había lamido amorosamente las lágrimas que a él le corrían por debajo de la venda que le ocultaba los ojos. "¿Eso fue lo que les dijiste a los surrealistas?", preguntó en ascuas Barnes. Freddy vació su copa y dijo que ningún británico de bien dejaría que lo viese llorar un grupo de franceses petulantes. La experiencia había sido tan intensa que salió corriendo del hotel sin siquiera asomarse al bar de la esquina, y esa misma noche abordó el tren a Calais, y en ese tren, para su eterna felicidad, conoció a la tía Kate. "¿Y nunca le contaste nada en todos estos años juntos?", preguntó Barnes. "Ni una palabra", contestó Freddy.
Cinco años más tarde, el suplemento literario del Times decide dedicar su nota de tapa a las recién aparecidas Investigaciones sobre sexualidad y envía a Julian Barnes un ejemplar del libro. Barnes devora el mamotreto y, al llegar a la nota al pie número 23 de la Sesión 5A, encuentra por fin al tío Freddy, oculto detrás de las iniciales "FB". La nota hace referencia a un experimento fallido al que se sometió a dicho individuo británico. Los surrealistas habían dedicado sus esfuerzos en conseguir una voluntaria inglesa, dando por sentado que la francesa resultaría tarea más fácil, pero he aquí que cuando la inglesa salió de la habitación de Freddy, no había señales de la francesa. Momento de zozobra entre los surrealistas hasta que la voluntaria inglesa se ofrece a volver a entrar, ya que no tienen reemplazante. La nota al pie número 23 sólo se refiere a ella con la inicial K y lamenta no poder ofrecer las conclusiones del experimento. Julian Barnes remata la historia contando que una de las experiencias más habituales en los cursos de sommeliers franceses consiste en verter un mismo vino en dos botellas con etiquetas diferentes y someterlo a prueba con los aspirantes: ninguno se da cuenta nunca de que ha bebido dos veces el mismo vino. El pobre tío Freddy también ignoró hasta su muerte la verdadera naturaleza del regalo que le habían hecho los surrealistas.
Paradoja*

Empapada
se recuesta
sobre la arena
húmeda
La luna
viaja por su cuerpo
Las olas
despedazan la espuma
En el parador
se arremolina
la ventisca
La luz
avanza en silencio:
ilumina
la butaca del espectador.
Pichirica*



*Por Jorge Isaías . jisaias46@yahoo.com.ar
A la memoria de Octavio Picchio



"Quisiera ser lo que era cuando quería ser lo que soy", repetía siempre Octavio Picchio, a quien todos llamaban cariñosamente "Pichirica". Esta frase, que hizo suya para siempre, la había tomado de un libro que fue muy vendido en los setenta y que había publicado un viejito simpático de apellido extranjero. Don José Rosenwasser, al jubilarse y no tener parientes empezó a circular por los bares aledaños a la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Se hizo rápidamente famoso por su bondad, su humildad y su hombría de bien y un día para un cumpleaños a unos estudiantes que siempre conversaban con él se les ocurrió regalarle una hermosa agenda. Como don José no tenía a quien anotar allí, comenzó a visitar las mesas del bar y respetuosamente solicitar a los parroquianos que escribieran algo. Empezó con los
enamorados, con las parejitas que son -por su estado de éxtasis más proclives a la generosidad, y luego siguió con otra gente y con otros bares de la zona. Al ver el éxito obtenido a alguien se le ocurrió llevar el original a una editorial y el libro agotó varias ediciones. Ignoro si le pagaron derecho como compilador o como antropólogo aficionado por que las anotaciones eran desde tontas pasando por ingeniosas y algunas dueñas de espíritus tocados por la varita mágica de talento. Cuando nos veíamos, esa frase era nuestra contraseña. Era él, "Pichirica", mi amigo un ser lleno de un humor fino, de una ironía que todos le reconocían sin vacilar.
Su origen es netamente campesino, específicamente vinculado junto a su familia al negocio de los lácteos. Eran él y sus dos hermanos mayores, -"El Gordo" y Nazareno los encargados del tambo de don Ramón Camiscia, pero él según me relató una vez, siempre había vivido en esa zona donde culminada el
"Camino del Diablo" y corta hacia la escuelita de "La Terrasón", donde hizo íntegra la primaria, yendo ya montado en un moro pachorriento o en su bicicleta de media carrera, por ese callejón donde merodearon los cuises, los hurones y las grandes lechuzas sobre los postes, vigilantes ante el paso
tardo de mi amigo "Pichirica" -niño aquí y luego adolescente tímido que domingo a domingo se acercaba a las carreras cuadreras realizadas por el Camino de los Delmaschio.
De aquel tiempo tengo algunos recuerdos parcializados por la niebla esquiva de los años. Hay un recuerdo de los bailes donde nos encontrábamos o íbamos juntos, con él y con su vecino Omarcito Aguilar, Alcides Rodríguez, Raúl Rodini y "Totosito" Elder y quizás también Omar Mancinelli a quien
llamábamos "El Flaco".
También lo veo paseando por el alto veredón del ferrocarril con una chica bajita, sin tocarse siquiera la punta de los dedos en esa mediatarde de romance primaveral.
Una vez le pregunté el nombre de esa niña -que a mi recuerdo no era nativa del pueblo y él, mi amigo "Pichirica" celebró con su tímida alegría aquel recuerdo traído de los pelos. Lamentablemente lo olvidé. Y ahora ya es tarde. Él no está y nadie más recordará ese detalle insignificante para el mundo, pero recuerdo que él se sorprendió gratamente por mi recuerdo y, colijo, hasta se sintió un poco importante, justo él que fue tan humilde y que quiso pasar por esta vida desapercibido, "con un perfil muy bajo" al
decir del "Tigre" Compañy.
De grande, con sus hermanos ya jubilados, se casó y se estableció en el pueblo. Tuvo muchos trabajos, uno de los últimos fue el de mozo del bar del club Huracán. Numerosas son las anécdotas que circulan de sus bromas finas y sutiles. Como aquellas vez, que un habitué del bar, el inefable "Gringo" Salvucci, hombre más bueno y servicial como no hay otro entró con una mano vendada. Tiene fama de dar vueltas con un tema sin ir al grano. Apenas inquirirse el motivo empezó a dar vueltas hasta creando una gran expectativa que logra con el suspenso de los cuentos orales, y al fin solo fue que se calentó mucho el motor de su chata y al levantar la tapa del radiador sin precauciones, saltó un chorro de agua hirviendo con sus vapor y le quemó la mano. Ese era todo el accidente, pero él había creado su pequeña novela.
"Pichirica", en su condición de mozo la había escuchado varias veces en distintos meses y circunstancias. Al acércasele con su bandeja del pedido y viendo que el "Gringo" concitaba la atención de algunos parroquianos en una mesa lejana, alguno le preguntó: ¿Qué dice "el Gringo"? No sé dijo
"Pichirica", hierático y con cara de piedra- cuando yo lo dejé todavía no había abierto la tapa del radiador.
Y otra vez, cuando un parroquiano se quejó porque suponía que el yogurt estaba vencido, él, sin que se le moviera un pelo de su tupido bigote contestó:
Con el stock que manejamos acá no me parece posible.
Y todo el mundo sabía que el conserje de ese tiempo salía a comprar la leche cuando le pedían un cortado o mandaba al "Chileno", su cocinero a comprar un bife cuando le pedían un lomito. Y allá iba el gordo bonachón a paso apurado hasta la carnicería de Betucci que está a cien metros del Club, por la misma
vereda.
Muchas cosas me hubiera gustado preguntarle a Octavio Picchio, a quien llamaban "Pichirica" y que pasó con su ironía dando un poco de carcajada a ese grupo de parroquianos que se reúne noche a noche en la sede del club, es decir más concretamente en el bar.
La última vez que lo vi, él manejaba un tractorcito de la comuna y cortaba el pasto en el parque del ferrocarril. Yo pasé por la avenida pedaleando lento y le grité: "Chau, "Pichirica". El, con un dejo de sonrisa esquiva a la ampulosidad levantó la mano a modo de saludo.
Al tiempo cuando volví al bar y pregunté por él. El "Nene" Croato en un dejo de pena me dijo:
¿Pero cómo, no te enteraste? Partió. Y yo no dije nada pero sé que ese espacio amable que él cubría con generosidad, es decir del humor un poco inocente, nunca agresivo ya no será cubierto por nadie.
Y es verdad que ahora seremos más tristes.
El silbido del tren que ya pasó*



Por Patricia Torres *
Odio el tranquilo sopor de la tarde que me adormece, envolviéndome en su nube para transportarme hacia donde ya no quiero ir. Me resisto al sueño, va a llevarme a ese maldito lugar. Los párpados colaboran con su pesadez para que mis ojos vayan perdiendo claridad y se adapten al sigiloso avance de la bruma de una imaginaria noche silenciosa.
Como siempre, estoy sentada en el rincón de la estación con las piernas apretadas contra el pecho, las manos sujetándolas, demostrando la necesidad de convertirme en pequeña para no ser vista.
Las voces comienzan a acercarse aumentando su intensidad y las risas se tornan macabras y pinchudas atormentando mis oídos. La neblina que sigue siendo espesa no me permite ver nada más que a la valija que está fuera de mi alcance. Cuando ellos la divisen, volverán a descubrirme. Siempre sé que sucederá en el momento siguiente.
El silbido del tren se escucha mientras se acerca e intensifica. La luz de la locomotora penetra en el humo permitiéndome ver esas figuras espantosas que danzan macabras ante mis ojos, me asustan, me amenazan, aunque nunca me tocan.
Tienen enormes zapatos puntiagudos, velos negros y saltan como demonios. Me gritan en la cara mostrándome los dientes sucios, malolientes y sus babosas lenguas azules.
Quiero desprenderme de mis fantasmas que intentan convertirme en su eterna prisionera.
Les grito que no van a lograrlo y un duende piadoso me rescata.
Pierdo mis zapatos mientras corremos en fatigosa huida muchos kilómetros, alcanzando al tren que ya pasó. Me sube a un vagón y canta canciones de cuna. Me acaricia el cabello hasta llegar al bosque donde reina la claridad y la paz. Camino descalza hasta encontrar el sendero de regreso.
En ese momento me despierto odiando la pesadilla absurda que todas las tardes me ataca.
El resto del día transcurrirá normal, como siempre. Quizás, alguna vez entienda por qué, luego de la siesta, mis pies lastimados acumulan el cansancio del mundo y la vieja valija no se encuentra en su lugar.
* Este texto, "Persecución", está incluido en el libro de cuentos y relatos Paralelismos, que se presenta hoy a las 20 en la Secretaría de Cultura municipal (Avenida del Valle y Callao). Las otras autoras rosarinas que aportan sus textos son Graciela Zecca y Mabel Díaz. También hablará el diputado Pablo Javkin.
Correo:
En sentido figurado NOV/DIC-10
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Un abrazo,
En sentido figurado
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*

Inven tren Próxima estación: HERRERA VEGAS.



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14.11.2010 GMT

noeli becerra poesía hombre.

Noelya Becerra

Hombre...

Hombre adorado, hombre deseado,
eres tan grande,
como hermoso, es poseerlo,
tenebroso eh indeciso,
ojos cual oscura tristeza,
reflejan, su alma agitada.

Odias, lo no encontrado,
miras a la mujer deseada,
ardido en la esperanza,
ruge el miedo su ardiente alma.

Poseerla, con su dulzura,
amarla,sentirla como, ... Ver más
leona en celo, gimiendo.....
oh, devoras con miserias su alma.....


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1.11.2010 GMT

Alebrijeros/ Gaceta Literaria / Norma Segades Argentina

Lo invitamos a
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Acceder a los nuevos libros publicados por EDITORIAL ALEBRIJES ( http://editorialalebrijes.blogspot.com )
20 agujas premonitorias de un costurero deshilachado
El libro negro
Causa / Efecto
Leer el número de NOVIEMBRE de GACETA VIRTUAL ( http://gacetaliterariavirtual.blogspot.com )
en donde participan los siguientes escritores:

ÍNDICE
1- Reflexiones iniciales: Eduardo Galeano
2- Cuento: Carmen Barrere (Posadas-Misiones-Argentina)
3- Nuestra poesía:
1) Ana María Russo (Rosario-Santa Fe-Argentina)
4- Ensayo: Irma Verolín (CABA-Buenos Aires-Argentina)
5- Cuento: Marta Ortiz (Rosario-Santa Fe-Argentina)
6- Nuestra poesía:
2) Rubén Vedovaldi (Capitán Bermúdez-Santa Fe-Argentina)
7- Ensayo: Carlos Roberto Morán (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)
8- Cuento: Orlando Van Bredam (El Colorado-Formosa-Argentina)
9- Poesía argentina:
1) Manuel Lozano (San Francisco-Córdoba-Argentina)
10- Ensayo: Eduardo Pérsico (Lanús-Buenos Aires-Argentina)
11- Cuento: Daniel Adrián Madeiro © (CABA-Buenos Aires-Argentina)
12- Poesía argentina:
2) Hugo Francisco Rivella (Rosario de la Frontera-Salta-Argentina)
13- Ensayo: Nazario Soto (Durango-México)
14- Cuento: Samanta Schweblin (CABA-Buenos Aires-Argentina)
15- Poesía argentina:
3) Graciela Malagrida (Posadas-Misiones)
16- Ensayo: Isabel Cristina Murrieta López (Nácori Chico-Sonora-México)
17- Comentario de libro: Willian Geovany Rodríguez Gutiérrez (Tolima-Colombia)
18- Cuento: María Pía Danielsen (Santiago del Estero/Santiago del Estero)
19- Poesía americana:
1) Maritza Álvarez (Villa Alemana-Chile)
20- Ensayo: Gustavo Lespada (Montevideo-Uruguay, investigador de la UBA)
21- Cuento: Delfina Acosta (Asunción-Paraguay)
22- Poesía americana:
2) Fernando Cruz Kronfly (Buga-Valle del Cauca-Colombia)
23- Ensayo: Ricardo Musse Carrasco (Sullana-Perú)
24- Cuento: Nicolás Romano (Tierra del Fuego)
25- Poesía americana:
3) Sylvia Riestra (Montevideo-Uruguay)
26- Ensayo: José Antonio Cedrón (Cuernavaca, Morelos, México)
27- Cuento: Arturo Lomello (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)
28- Poesía allende el mar:
1) Mayte Salguero (Biar-Alicante-España)
29- Ensayo: Bibiana Degli Esposti (Madrid/España)
30- Cuento: Alberto Di Matteo
31- Poesía allende el mar:
2) Oscar Malvicio (Azuqueca de Henares-Guadalajara-España)
32-Ensayo: Carlos Fajardo Fajardo (Santiago de Cali-Colombia)
Notas de París: Irma Bignon (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)


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