Revista Literaria Periódico Cultural

28.3.2011 GMT

Serie por nu4stros cerros/ La Teta de Niquitao

En la cumbre

Gracias a una invitación del club de aire libre aventuras liberalizado por Italo Sabatino y su joven esposa Osdalis Reinoza.

Les cuento:

Un autobús acá, un viaje rápido, y otro autobús allá.

Temprano en la mañana nos reunimos en el Big low Center, para abordar un autobús que nos llevaría a la ciudad de Guanare, un pequeño respiro y rápidamente otro autobús que nos conduce, a la ciudad de Boconó, y casi, en una carrera, con afán de llegar, otro, para llegar a la ciudad de destino; Niquitao. Las primeras diez horas de la aventura, la pasamos de un timbo al tambo, dormitado, lerdo, en una conversación entrecortada, mirar por la ventana, pensar en lo que vendría que nos tenía en expectativa, conocer a los compañeros y así van pasando las horas.

Al fin llegamos a la posada en donde nos esperaban para darnos la habitación respectiva.

Las Pailas.

Caminando por un trecho destapado, en un rincón del pueblo, nos encontramos con un riachuelo cristalino de aguas heladas y sonoras, que deslizándose entre grandes rocas van formando con los años unos pozos horadados en la misma roca, por eso los habitantes del pueblo los denominas las pailas. No dejan de ser un poco peligrosos pero invitan a un baño refrescante y delicioso…

Y allí a zambullirnos y retozar en esa agua paramera, fría y refrescante…

No deja de extrañarme un sitio, un raro fenómeno, en donde un árbol crece en la roca y va aumentando su tamaño, a través de ella circuyéndola, está añadido a ella como si esta fuese su madre y luego en un salto inesperado su ramas van a lo alto hasta formar junto con una peña un arco, allí el agua que pasa por el arco, se va transformando en colores esmeraldinos y azules sepias… donde se traduce todo en tranquilidad en un sitio espectacular…

Un pesebre viviente es el pueblo de Niquitao, con casitas de barro y techos rojos, de tejas desteñidas, de calles estrechas, de calles de piedra, cada casa un portal de tabla, una ventana, un poema, un pueblo enclavado en un sitio donde el viento se une a las nubes y baja a dormitar la bruma y la niebla, que juega a meterse por rendijas y escondrijos, en las tardes llenas frio, para hacer tiritar a las personas…

Allí estuvimos tres días.

Contemplando el atardecer, se salta al aroma de las noches, a la algarabía de la plaza a la segladura de la iglesia, a los comercios llenos de turistas, al museo, a la casa de mantecadas, al vino de mora, a las arepas de trigo, al pan andino, la tasca, las cervezas, la noche, el disfrute eterno de de los compañeros y mío, donde la preocupación quedó encadenada en otro sitio, muy lejos donde no nos alcanza…

Y así se disfruta del pequeño pesebre, donde unos comían otros departían otros caminaban por las calles viendo, oyendo sintiendo

El puente

Lluvia; tenue, suave, fuerte… Una lluvia preocupante, por lo menos para mí.

Vamos todos al puente más alto sobre la cordillera andina venezolana y el segundo en latinoamerica- dicen por ahí y yo lo repito-, al puente agrícola batalla de Niquitao con casi cien metros de altura allí nos espera otra aventura indescriptible e insuperable.

Y escampó… Alegría y preparación para lanzarnos como locos por el despeñadero.

Nuestro Líder el Sr. Ítalo Sabatino con paciencia y sapiencia conducía el ritmo de esta nueva aventura.

Se preparó la cuerda con amarre seguro a las barandas del puente y empezamos a prepararnos bajo la mirada de curiosos que pululaban en el puente, llenos incertidumbre y admiración.

Oswaldo un guía del Club de Aventuras al Aire Libre fue el primero que se lanzó al vacio Osdalys, una pequeña valiente (ya venía de una aventura por los lares del Pico Bolívar) fue la segunda.

Yo, asustado por tener varios años sin lanzarme en rapell, fui el tercero y así fueron bajando los aventureros que ese día le ganaron un sitio al miedo, el Sr Luis Uzcategui de setenta años, Darling (otra mujer tenaz y valiente), El joven Eduardo García y otros que no recuerdo sus nombre pero que están en mi memoria. Y asi uno y otro que sus nombres no recuerdo pero que los tengo muy presentes en mi recuerdo…

Una emocionante bajada, una difícil subida, un terreno pendenciero…

La Teta:

Nuestro esperado reto, subir la montaña, gritar en la cima la palabra "CUMBRE" para así satisfacer un reto y sentir la montaña propia.

Mi montaña, la montaña, nuestra montaña.

Los frailejones pululan por doquier, son una alfombra mágica que llenan de un verde pálido todo alrededor… Debe ser todo un espectáculo ver ese campo florido de color, como una explosión de sol, un amarillo intenso la flor del frailejón…

Las hojas abrigadas del frailejón nos acompañan en el sendero serpenteante que va dirigiéndose a la cima entre rocas y peñas, bordeando la garganta la zona más difícil…

Así entre nubes y cielo, entre el verde pálido del frailejón entre las vistas más sublimes la laguna el horizonte la lontananza, la ocre roca se llega con esfuerzo a la cima que nos esperaba impaciente…

Allí tomamos fotos, comimos, conversamos, reímos, y pensamos con algarabía y gran alegría y mucho frío... La alegría de haber cumplido cada uno de nosotros, y en volver e ilusionados y hermanados por un reto vencido…º

Pero mi pregunta:

Quién venció a quién… El grito de "CUMBRE" crece como un reto vencido, donde el ganador, satisface su ego…

Pero es la montaña quien vence, pues ella estará dentro de cada uno de nosotros por siempre.

En una reunión muy amena, donde están todos los integrantes, más los invitados, el grupo Sabara que también le gusta la montaña y han realizado actividades de la misma.

El profesor Régulo Sáez gran colaborador del club de aventuras al Aire libre, y su esposa Gabriela Vázquez de Sáez, nos entregó certificados del club que el señor Ítalo muy amablemente nos obsequió…

Nombre de todos los integrantes.

Y como colofón a este pequeño relato, mis respetos a todos los integrantes de este grupo al que mi amistad y mi recuerdo perdurará con los años…

Un abrazo a todos ustedes…

Rubén Patrizi M.



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